De una semilla un árbol, de un árbol un fruto.

Esta aventura comenzó hace unos meses cuando una fría mañana de noviembre recibí una llamada en la que me proponían ser tutora del programa Junior Emprende. Ni lo pensé, inmediatamente acepté.

Los detalles llegaron por correo y también las dudas ¿Sabría hacer lo que se me pedía?

Esas mismas preguntas me acompañaron de camino a nuestro primer encuentro y pronto descubriría si estaba a la altura. Para templar los nervios tiré de aquello que en otras ocasiones me había servido: ser natural, sincera, aportar todo lo que estuviera en mi mano y lo que no supiera, apuntarlo para buscar la respuesta.

Así fue como llegué al centro y me encontré, en primer lugar, con Beatriz, su profesora, quien me puso al corriente de la situación, de sus inquietudes y sus dudas (mientras iba haciendo un mapa de ideas y soluciones y el cosquilleo empezaba a aflojar). Minutos después conocía a los valientes porque para esto de emprender hay que serlo.

Sus caras llenas de curiosidad y sus miradas menos esquivas de lo que se pudiera pensar me indicaban que había llegado el momento. Tras las presentaciones, todo comenzó.

Sus preguntas eran variadas desde, qué era mejor, semillas más caras pero en principio mejores o semillas más baratas (Estrategia comercial) a cómo darse a conocer (Marketing) o cómo atender un pedido, incluso fuera de su pueblo (Logística). He de decir que a su edad, que me hablaran de economía o empresa, era hablarme en otro idioma y ellos sin utilizar la terminológica propia ya definen conceptos básicos. También hubo quejas, todas tenían el mismo origen: la falta de organización. Mientras se recriminaban algunas actitudes y comportamientos, surgió lo que a Beatriz y a mí nos hizo sonreír de asombro: Un sistema de penalizaciones basado en “Quien no cumpla, paga”. Y por supuesto, fluyeron las ideas. Una sugerencia, una opinión, un ejemplo se convertían en algo nuevo, lo hacían suyo.

Me fui de allí con una sonrisa.

Semanas después nos encontramos de nuevo. Me invitaron a participar en su primer mercadillo local y allí los encontré una mañana soleada y fría de marzo entre comerciantes profesionales, atendiendo a la clientela que a esa temprana hora se dejaba ver. Pero, quizás, no era eso lo más importante de esa jornada. Ese día debían demostrar si habían corregido bien los errores y si las medidas tomadas eran las adecuadas. Ese día debían comprobar si el sistema de organización diseñado funcionaba.

La realidad no parecía querer alcanzar las expectativas (se esperaba que las madres tras dejar a los niños en el colegio se pasasen por el mercadillo como de costumbre, sin embargo ese día la rutina fue otra) y los clientes llegaban con cuenta gotas, así que se corría el riesgo de que la energía de los que esperaban su turno para encargarse del puesto se focalizase en algo poco productivo. Nada más lejos. Sólo la sugerencia de hacer que fueran a “captar” clientes los centró de manera inmediata e increíble. Además de garantizar que todos pasaran por el stand, cerraron ventas sin llegar a ver el producto y cuando, se anunciaba la vuelta al aula quedando algunas plantas por vender, todos estuvieron de acuerdo en que aquello había que “colocarlo” y en un momento idearon una estrategia de venta con la que en unos pocos minutos habían vendido todo el género (incluso, las más “feas”).

Alguien puede pensar que captar a la clientela tal y como lo hicieron no hubiera sido tan fácil si no fuera por su edad. Exacto, y precisamente de eso se trata, de convertir en fortaleza una debilidad y ¡Cómo lo hicieron! Sin dudas, con determinación, colaboración absoluta y un objetivo claro.

Para su segundo mercadillo, ya contaban con experiencia y ventas cerradas, el tirón del Día de la Madre reportó importantes beneficios que aseguraban la inversión realizada y les animaba a enfrentar su tercer mercadillo en las fiestas del pueblo.

En nuestra última reunión antes del Foro, quise tratar una cuestión nueva en concepto pero no en contenido para ellos: la Responsabilidad Social Empresarial. El término les resultó inicialmente extraño, aunque no tardaron en asimilarlo y en expresar que ellos no cumplían. Esperaba esa respuesta, ocurre de la misma manera en el mundo de la empresa, se mitifica el término y la empresa en general asume que no gasta. Sin embargo, tras hacer un análisis por todo lo planteado, lo realizado y lo conseguido se dieron cuenta de que sí, de que en muchos aspectos cumplían con la filosofía de la RSE aunque eran muy críticos con aquellos que debían mejorar.

El Foro (donde se reunían con el resto de participantes del programa) debía ser una fiesta y lo fue. Talleres, actividades, convivencia y muchos proyectos que visitar y de los que aprender. Había de todo artículos artesanales realizados con materiales reciclados, productos de limpieza y jabones, dulces elaborados con huevos producidos por sus propias gallinas (las cuales estaban allí presentes), carbón ecológico, libros de viejo y por supuesto, plantas. Mis chicos habían decidido no realizar ninguna inversión para el Foro y llevar tan solo las plantas que les quedaban. ¿Razones? El transporte no era el más adecuado, la multitud de actividades no daba mucho margen para dedicar a la venta y todos vender y vender. Sin embargo, no se conformaron con poner sus plantas en el stand, sino que buscaron un valor añadido para atraer clientes. Decoraron, las macetas con pintura 3D y con ese detalle consiguieron marcar la diferencia frente al resto de su competencia. Muchos vendían plantas, pero sólo las suyas tenían ese efecto.

Foro Emprende Junior 2014

Foro Emprende Junior 2014

Con los beneficios se dieron un homenaje, bien merecido, en forma de excursión a un parque acuático pero también cumplieron con la sociedad donando el 21% a una entidad sin ánimo de lucro.

No sé cómo recordarán esta experiencia el día de mañana. Puede que de esta experiencia no salgan empresarios aunque sí saldrán personas dispuestas a colaborar, a prestar ayuda, a encontrar una solución, a trabajar con ilusión, personas conscientes de sus capacidades, sin miedo a dar su opinión y comprometidas con su entorno. Quiero creer que les he aportado algo que les sirva hoy y en el futuro, sin embargo, lo que me hace más feliz es haber respondido a aquella llamada pues ha sido un privilegio verles crecer en cada paso dado y eso es algo me ha hecho crecer a mí.

Dedicado a Javier, Rubén, Andrea, Pepe, Alejandra, Alba, Carlos, Rocío, Fátima, Jose Manuel, Elena, Alejandro, Sergio, Álvaro y Beatriz.

 

Autora: María Piedad Moreno Sánchez

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